sábado, 28 de septiembre de 2013

Cecale de oro.

28.09.2013  ALBERTO ESTELLA

 
En el atrio del Palacio de Congresos ya se mascaba la tragicomedia. Cada provincia a su bola, y los saludos entre sus representantes, frígidos. Castilla y León celebraba la entrega de los Cecale de Oro, con el empresariado regional descosido. Cuando abrió el acto Santiago Juanes, y el alcalde subió a saludar, comenzó la primera escena, dos afrentas para la calvicie del peñarandino Mesonero, que dice encarnar a los empresarios charros. ¿Qué hacían el periodista y Mañueco con melena, y esas guedejas alborotadas? ¡Son ganas de fastidiar! Escena segunda. Tras la afable sonrisa del alcalde, de chico bueno de la clase, hay una dosis de aspereza, imprescindible en la mochila de un profesional de la política. Ayer tiró de inclemencia. Abrió un bote con avispas y soltó varias en la sala: "Hay gente que se esfuerza en destruir; pierden el tiempo. Hay gente que se esfuerza en difamar; pierden el tiempo?". Los himenópteros se posaron sobre los aludidos, que todos sabíamos quienes eran, salvo un despistado de Aldearrodrigo, que acudía, como Juan Antonio Hergar, Victorino Audi y yo mismo, a aplaudir al bueno de Silvestre. Los avispones cumplieron con su deber, dar sus picotazos y levantar las correspondientes ampollas. Cuando abandonábamos el Palacio, dos horas más tarde, el escozor todavía aquejaba al presidente de la Cámara de Comercio salmantina. Según su versión, el alcalde había deslucido el acto. Discrepo. Al margen de la legítima defensa, echó la guindilla oportuna para que los invitados nos diéramos codazos, largáramos y pudiéramos soportar un acto aburridísimo. Pero de justicia para los ocho premiados, a los que no se les dejó decir ni mus, ni chus, ni bicicleta. Digo ocho porque no sé cómo diablos puede premiarse a una universidad (ita), fundada por un dentista, salvo por estar en Pucela y sintonizar con el detestable centralismo vallisoletano.
Por el contrario, quiso monopolizar el acto Santiago Aparicio. No le perdono que me hiciera perder casi una hora del poco tiempo que me queda, con un discurso plano, lleno de tópicos, interminable. Me recordó aquel peñazo de Cuevas „"Cavernas"„, el jefe eterno de la CEOE que parecía el dependiente de una ferretería de Tomelloso.

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