Una Liga con luces y sombras
Piña azulgrana en La Rosaleda tras uno de los tres goles de la noche
El Barça conquista su 22ª Liga en una temporada que, a pesar de las dudas finales, mantiene intacto el prestigio internacional del club
Por Aitor Labrador
12/05/2013 00:04
¡Campions! Sin necesidad de vestirse de corto, el FC Barcelona se aseguró este sábado el título de Liga gracias al empate del Real Madrid en Cornellà-El Prat (1-1), que convierte en un mero trámite la visita azulgrana de este domingo al Vicente Calderón.
De esta forma, el barcelonismo se prepara para entonar un alirón extraño y un tanto deslucido. Casi tanto como el final de una temporada que se presentaba de transición tras el adiós de Pep Guardiola, pero que gracias a la histórica primera vuelta del equipo de Tito Vilanova ha acabado ofreciendo un balance positivo en el plano deportivo en casi cualquier campaña que se precie: campeones de Liga y semifinalistas en las otras dos competiciones.
Pendientes del futuro inmediato
Desde el club y el vestuario se animará ahora al aficionado a que salga a la calle y celebre el título como se merece. Que una Liga, es una Liga. Y más si se tienen en cuenta los problemas extradeportivos que han sacudido al bloque como las recaídas de Vilanova y Abidal. O el vacío espiritual existente en el entorno después de la marcha de Pep Guardiola y en el vestuario ante la ausencia de Tito. Sin embargo, y sin tener que recurrir al pesimismo tan característico de la vieja guardia culé, el poso de las dos eliminaciones sufridas a manos del Real Madrid y, especialmente del Bayern han generado dudas sobre un modelo deportivo que parece agotarse. O al menos, que precisa de una renovación, motivada por el lógico desgaste de algunas de sus piezas (Puyol y Xavi), el adiós ya anunciado de otras (Valdés), o la lógica dependencia del colectivo del juego y estado físico del mejor futbolista del mundo (Messi).
Después de haber reducido su deuda bruta desde los 578 hasta los 471 millones, la principal incógnita ahora reside en saber si el presidente Rosell se mantendrá firme en su política de austeridad –tóners en blanco y negro incluidos- o si las necesidades del equipo le arrastran a un giro imprevisto, que le obligue a gastar más de los 50 millones de los que dispone la secretaría técnica para fichar. En este sentido, los ingresos por traspasos se presumen fundamentales para aumentar la liquidez disponible a la hora de realizar nuevas contrataciones.
El presupuesto se disparará por encima de los 500 millones
Los precedentes que han hecho del Barça un mal vendedor, la depreciación del valor de mercado de los jugadores que regresan tras sus respectivas cesiones (Bojan Krkic, Fontàs...) o que podrían tener colgado el cartel de transferibles (Alexis, David Villa...), y la obligación de vender a Valdés en su último año de contrato al mejor postor –siempre y cuando el jugador esté por la labor- no resultan para nada halagüeñas. Por lo que el club estará bastante lejos de los 50 millones que se ha propuesto ingresar en este capítulo.
De esta forma, la necesaria reestructuración de la plantilla y la renovación de algunos de sus efectivos con los que ahora toca negociar como son los casos de Andrés Iniesta o Éric Abidal conllevarán, además del correspondiente aumento de la deuda, un aumento en el presupuesto previsto para la presente campaña, y que desde el club habían cifrado inicialmente en 470 millones de euros. Si la pasada campaña, las estimaciones iniciales de 461 millones acabaron desembocando en un presupuesto real de 494 millones, todo hace indicar que esta vez –y a pesar de que el título de Liga pueda traer consigo nuevos ingresos por la entrada de nuevos patrocinadores o la venta de camisetas-, el presupuesto final de la temporada 2012/13 se disparará por encima de la barrera de los 500 millones de euros, merced a la inclusión de otros gastos de explotación como los 20 millones destinados a las primas por el título de Liga.
Es ahora entonces, cuando llegado el ecuador de su mandato, Sandro Rosell –y por extensión, sus asesores económicos y deportivos- se encuentran ante la hora de tomar decisiones, una vez agotada esa otra “herencia” a la que jamás ha hecho mención la actual junta en sus discursos: la deportiva
De esta forma, el barcelonismo se prepara para entonar un alirón extraño y un tanto deslucido. Casi tanto como el final de una temporada que se presentaba de transición tras el adiós de Pep Guardiola, pero que gracias a la histórica primera vuelta del equipo de Tito Vilanova ha acabado ofreciendo un balance positivo en el plano deportivo en casi cualquier campaña que se precie: campeones de Liga y semifinalistas en las otras dos competiciones.
Pendientes del futuro inmediato
Desde el club y el vestuario se animará ahora al aficionado a que salga a la calle y celebre el título como se merece. Que una Liga, es una Liga. Y más si se tienen en cuenta los problemas extradeportivos que han sacudido al bloque como las recaídas de Vilanova y Abidal. O el vacío espiritual existente en el entorno después de la marcha de Pep Guardiola y en el vestuario ante la ausencia de Tito. Sin embargo, y sin tener que recurrir al pesimismo tan característico de la vieja guardia culé, el poso de las dos eliminaciones sufridas a manos del Real Madrid y, especialmente del Bayern han generado dudas sobre un modelo deportivo que parece agotarse. O al menos, que precisa de una renovación, motivada por el lógico desgaste de algunas de sus piezas (Puyol y Xavi), el adiós ya anunciado de otras (Valdés), o la lógica dependencia del colectivo del juego y estado físico del mejor futbolista del mundo (Messi).
Después de haber reducido su deuda bruta desde los 578 hasta los 471 millones, la principal incógnita ahora reside en saber si el presidente Rosell se mantendrá firme en su política de austeridad –tóners en blanco y negro incluidos- o si las necesidades del equipo le arrastran a un giro imprevisto, que le obligue a gastar más de los 50 millones de los que dispone la secretaría técnica para fichar. En este sentido, los ingresos por traspasos se presumen fundamentales para aumentar la liquidez disponible a la hora de realizar nuevas contrataciones.
El presupuesto se disparará por encima de los 500 millones
Los precedentes que han hecho del Barça un mal vendedor, la depreciación del valor de mercado de los jugadores que regresan tras sus respectivas cesiones (Bojan Krkic, Fontàs...) o que podrían tener colgado el cartel de transferibles (Alexis, David Villa...), y la obligación de vender a Valdés en su último año de contrato al mejor postor –siempre y cuando el jugador esté por la labor- no resultan para nada halagüeñas. Por lo que el club estará bastante lejos de los 50 millones que se ha propuesto ingresar en este capítulo.
De esta forma, la necesaria reestructuración de la plantilla y la renovación de algunos de sus efectivos con los que ahora toca negociar como son los casos de Andrés Iniesta o Éric Abidal conllevarán, además del correspondiente aumento de la deuda, un aumento en el presupuesto previsto para la presente campaña, y que desde el club habían cifrado inicialmente en 470 millones de euros. Si la pasada campaña, las estimaciones iniciales de 461 millones acabaron desembocando en un presupuesto real de 494 millones, todo hace indicar que esta vez –y a pesar de que el título de Liga pueda traer consigo nuevos ingresos por la entrada de nuevos patrocinadores o la venta de camisetas-, el presupuesto final de la temporada 2012/13 se disparará por encima de la barrera de los 500 millones de euros, merced a la inclusión de otros gastos de explotación como los 20 millones destinados a las primas por el título de Liga.
Es ahora entonces, cuando llegado el ecuador de su mandato, Sandro Rosell –y por extensión, sus asesores económicos y deportivos- se encuentran ante la hora de tomar decisiones, una vez agotada esa otra “herencia” a la que jamás ha hecho mención la actual junta en sus discursos: la deportiva
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